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Yo comparto. ¿Tu compartes?

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El Periódico
Yo comparto. ¿Tu compartes?
Mayo 2014

En el primer encuentro de comercio electrónico que organizamos en el IESE recientemente, contamos con ponentes de primer nivel. Tuvimos varios de talla mundial representando las diferentes piezas que componen el ecosistema del comercio electrónico. Me llamó la atención un panel en el que hablamos de la economía compartida. Sí, esa economía de la que he hablado en ocasiones en esta columna, donde los bienes físicos o incluso el tiempo de las personas se comparte (ya sea entre individuos o incluso entre organizaciones, algo que seguro seguirá creciendo). Hoy podemos alquilar o comprar ropa de segunda mano en una empresa que se llama Percentil, alquilar el tiempo de una persona para que haga tareas para nosotros con etece.es, un particular nos puede prestar dinero a través de la plataforma comunitae o comer en casa de alguien particular utilizando los servicios eatwith (y donde de paso puedes revisar las votaciones de personas como tú y yo respecto las croquetas de particulares más buenas de tu ciudad).

En ese panel se puso en valor, por un lado, las oportunidades que representa para la economía (es decir, que generan empleo con Ilus-SharingEconomy2oportunidades reales de ganar dinero por aquellos que crean en este modelo) o, por el otro, la eficiencia para una mejor utilización de los bienes (medioambientalmente responsables ya que compartes y utilizas más los mismos bienes). Por ejemplo, Uber, la aplicación móvil para transporte de pasajeros entre particulares o con chofer profesional permite que zonas con poca densidad de población, por ejemplo áreas rurales, atendidas con dificultad y escasa rentabilidad por taxis puedan ser servidas por particulares. En paralelo en la conexión de recorridos “saturados” (afueras de la ciudad con el centro) esta aplicación permite que se comparta el vehículo de tal forma que se eliminen coches en el acceso a la urbe.

La exigencia para estas empresas (y ahí hay inversión en serio), será tanto construir marca, dado que detrás de una marca se puede vincular oferta y demanda, como construir confianza, tanto de la plataforma como de los particulares que operan dentro de la misma (ahí entra el tema de la marca personal, algo que seguirá desarrollándose en el corto plazo). Y es que en este modelo es imprescindible confiar tanto en quien intermedia en el servicio (la plataforma) como en quien lo presta.

Otra dimensión interesante es que estas empresas permiten recaudar más impuestos (siempre que sean entornos profesionales, claro) o bien notificar al estado quién ha ganado con su intermediación, generando riqueza para el país y, en paralelo, empleo (empleo por cierto, que después vota como bien apuntó Ramón Blanco, director general de etece.es).

Por tanto, en mi opinión, los gobiernos deberían estar interesados en su desarrollo porque dinamiza la economía. ¿Están de acuerdo? ¿Quieren colaborar?

 

Foto: Forbes.com

Formado en la Escuela Suiza (habla 4 idiomas), Pablo Foncillas licenciado en derecho y MBA del IESE Business School. Actualmente es miembro del claustro del IESE en el departamento comercial. Compagina su vida en el entorno académico y como conferenciante junto con roles directivos y de consultoría en varias industrias desde los años 90. ¿Hablamos? Clica aquí para contactarme por correo electrónico

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