Julio de 2018, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

Tres ideas de Félix

Madrid. 30 grados. Junio. Antes de entrar en clase me siento a comer con un conocido ejecutivo, un tipo formidable que he conocido hace poco y que trabajó muchos años para una marca de bebidas carbonatadas con sede en Atlanta con un logotipo de color blanco sobre un fondo rojo cuyo nombre no puedo decir por confidencialidad (empieza por C y acaba con A, entre medio tiene alguna de estas letras O C A – C O L). Me cuenta que su carrera fue un ir y venir de esta famosa compañía por su publicidad (y donde nuestro protagonista desarrolló muchos de los 1000 anuncios que hizo a lo largo de su vida en todas estas corporaciones). En el interin, trabajó en otras conocidas compañías multinacionales.

La tercera o cuarta vez que le llamaron, ya no me acuerdo, para regresar a esta empresa de consumo me explicó que se dio cuenta de que estaba en posición de pedir algunas cuestiones que eran relevantes para él (-si me han llamado ya tres veces será que les parezco interesante– se dijo a sí mismo). En mi opinión solo puedes “pedir” cuando entras en una empresa, una vez estás dentro la cosa cambia y solo “pide” la firma sin opción a decir que no. Cuando se sentó a hablar con el entonces presidente de la compañía le puso algunas consideraciones sobre la mesa:

La primera: No me puedes promocionar. Es decir, no me puedes decir, como lo haces bien, te doy más áreas de responsabilidad.

Fantástico. Increíble. Maravilloso.

La segunda: No me puedes mover de país, trabajo desde Madrid para España y aquí seguiré. No puedes decirme, hombre ya que lo haces bien en este mercado por qué no vas a este otro mercado y haces algo parecido porque ahí las cosas no están como nos gustarían.

Genial. Estupendo. Delicioso.

La tercera (para mí la mejor, sin duda, que además también le concedieron, algo extraño por nuestras latitudes donde lo que importa es calentar la silla a cualquier precio): Formuló una pregunta al presidente. Marcos, una duda – le dijo – ¿A qué hora se entra en la empresa ahora? Como me fui hace un tiempo no sé cuál es el horario ahora de inicio de la jornada laboral. Y éste le respondió: Pues a las 9 Félix. ¿Por qué?  A lo que el otro respondió: Porque en mi casa por la tarde se entra a las 7.00, así que no pongas reuniones en las que quieres que esté más tarde de las 6.30 porque no podré ir.

Enorme. Superlativo. Se me acaban los adjetivos.

Cuando se está en la rara y privilegiada posición de “obtener”, tener la visión de “renunciar” es algo poco habitual. Hace falta tener mucho coraje y, sobre todo, una gran claridad de ideas respecto a lo que es prioritario en la vida. La etimología de Félix es “feliz”. Wikipedia lo define así : “Nombre propio masculino en su variante en español. Procede del latín y significa: aquel que se considera feliz o afortunado”. Ahora entiendo porqué vives feliz. Felix Muñoz, gracias por ayudarnos a pensar.