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Tenga miedo

Cabecera-El_Periódico_de_Catalunya - ¿Sobrado de algo? ¿de ti? analízate bien
Julio de 2017, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

 

Tenga miedo

Todos tenemos miedo. Todos. A lo largo de la vida, con sus alegría y penas pero siempre rica en sobresaltos, uno tiene la oportunidad de disfrutar de muchos tipos de miedo. El miedo no es uniforme, tiene matices, formas y sabores distintos. Existe el miedo atenazante, doloroso que actúa como un veneno paralizante, que bloquea las neuronas y congela los músculos. Este miedo es malvado, cruel y aplicado en dosis prolongadas tiene consecuencias funestas. Lo hemos sentido muchas veces porque nacemos con el miedo instalado por ahí arriba en nuestra cabeza aunque lo notemos por ahí abajo en el estómago. Durante miles de años ha cumplido su función para perpetuar las especies. “No miedo: En la empresa y en la vida”, libro que publicó Pilar Jericó en 2006, condensa en palabras cómo entender este sentimiento, diseccionarlo a trozos para engullirlo mejor.

A mi me interesa otro miedo, uno beneficioso e insuperable, que funciona como motor atávico de la creatividad y la innovación. El miedo como pirotecnia neuronal que pulsa los resortes de la creación. El miedo como exorcismo de lo imposible o del tú, concretamente tú, no podrás. Es el que siento cada vez que me enfrento a un auditorio con centenares de directivos cuando imparto una conferencia, especialmente si es nueva. El miedo de nuestro estómago anudado, encogido, hecho añicos, de la garganta cerrada a cal y canto. El miedo que suministra la oxitocina necesaria para dar a luz lo desconocido, con energía propia y brillante que, como las madres con sus hijos, llevamos dentro alguna vez, en algún momento.

Aquí el miedo es mi amigo, agente superador de todos los males que nos lleva a reinos míticos. “La familia de Pascual Duarte”, obra maestra de un Cela tan deslumbrante como principiante, tiene una dedicatoria memorable: «Dedico este libro a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera». Los adversarios, de haberlos, dan miedo, mucho miedo, y a modo de nitroglicerina son el líquido inestable y altamente inflamable de la superación humana. Bastan al Nobel de Literatura de 1989 algo más de 50 letras para sacudirse, con espléndida ironía,  el terror que le provocan éstos. Fantástico. A veces uno echa de menos contrincantes de envergadura, de esos que te enseñan bien (o mejor dicho, mal), que hagan las veces de ingrediente secreto en la ecuación de la motivación humana. Pero supongo que para eso uno debería tener la genialidad de Cela y yo ni por asomo. Ni está, ni se la espera. En fin.

Ese miedo que desea que lances la toalla al ring como muestra de tu abandono y por tanto, su victoria. Pero tú, lo único que lanzas son tus puños para pelear, luchando contra tu pavor con cuerpo y uñas, alma y dientes. El miedo como resorte, señal inequívoca, de que siempre, siempre hay alternativas. El miedo como muestra de vida, locura saludable, imprescindible para innovar. Espero que tengan miedo.

 

Artículo publicado en El Periódico de Catalunya. Foto de Brigitte Werner.

Formado en la Escuela Suiza (habla 4 idiomas), Pablo Foncillas licenciado en derecho y MBA del IESE Business School. Actualmente es miembro del claustro del IESE en el departamento comercial. Compagina su vida en el entorno académico y como conferenciante junto con roles directivos y de consultoría en varias industrias desde los años 90. ¿Hablamos? Clica aquí para contactarme por correo electrónico