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Resiliencia

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El Periódico de Catalunya
Resiliencia
Febrero 2015

 

Martes, 10.00 de la mañana. En tu oficina. Estás boca abajo. En el suelo. Hundido. Sin norte. Mordiendo el polvo. Tu innovación ha fracasado. Y te ves sin un plan B. Y sabes que lo harás. Te levantarás de nuevo. Porque no hay alternativa. Tienes que innovar. Tus clientes te lo piden. Tus competidores te lo exigen. Y tu mirarás hacia delante. Te pondrás a caminar y dibujarás de nuevo tu porvenir.

Eso es la resiliencia, una actitud vital que existe desde siempre y que acaba de estrenar categoría oficial como concepto al haber sido aceptada la palabra por la Real Academia Española de la Lengua. La docta casa la incluye en su 23 edición, publicada en octubre de 2014, y la define así: Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.Resilience

Y reflexionando sobre esta definición observo, con preocupación, qué poco se trabaja esta faceta en la infancia. A los niños de hoy día, como consecuencia del comportamiento de sus padres, que de buena fe los protegen hasta el infinito y más allá, les van adormeciendo la capacidad de tolerar la frustración. Y con ello, su capacidad de innovar, porque innovar lleva consigo fracasar muchas veces. La gasolina del éxito en cualquier actividad humana es el fracaso. Para ello resulta imprescindible sobrellevar el fiasco.

Un profesor de la universidad de Stanford hace años descubrió que algunos niños entienden la inteligencia como algo finito mientras que otros la ven como algo maleable y que se desarrolla con la práctica. Para el primer grupo, cualquier tarea que se les plantea es una oportunidad para acertar en el resultado, mientras que los otros niños interpretan un trabajo como una oportunidad de aprender algo nuevo, con independencia de que acierten o no en el reto planteado. Es decir, unos se fijan en el resultado y los otros en el proceso.

Lo que interesa a los niños enfocados en el proceso es el viaje y por tanto no les preocupa emprender nuevas aventuras porque no temen fracasar. Para ello han necesitado en sus hogares un enorme esfuerzo educativo. Dejarles caer primero para que después puedan levantarse. Sin duda más complejo, más laborioso que protegerles de la equivocación. Es decir, han disfrutado de un entorno educativo donde fracasar no es lo relevante. Quizás suene a algo así como educar peligrosamente a nuestros hijos porque eso exige aceptar, asumir el error, el fracaso, la equivocación. Si así lo perciben lo celebro.

En mi opinión, con ello estaremos desarrollando una de las habilidades más importantes para el presente y el futuro laboral de cualquier persona, se dedique a lo que se dedique en la vida: la tolerancia a la frustración. Y con ello su capacidad para reinventarse, para innovar, para salir a la superficie después de haber tocado fondo. Piensen en ello. Parece minúsculo pero es titánico.

 

Imagen: http://www.huffingtonpost.com/paula-davislaack/resilience_b_1933455.html

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