¿Presumimos más de las cosas que nos compramos o de las experiencias que vivimos?

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Enero de 2018, artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia

Bienvenidos a la economía de las experiencias

Puedes ver arriba el vídeo completo, ver el artículo y el vídeo “Bienvenidos a la economía de las experiencias” en la web de La Vanguardia, o leer la transcripción a continuación:

 

Hasta hace pocos años, tener un coche propio era un símbolo de un cierto status. De hecho, si tu padre conducía un Mercedes era señal inequívoca de que había triunfado. Sin embargo, hoy parece que a los jóvenes de las ciudades eso de tener coche no les va. ¿Será que no les interesa tanto eso de conducir? En este gráfico veis el porcentaje de personas que disponen de carnet de conducir por franjas de edad. Vemos que si hace 30 años en Estados Unidos, 4 de cada 5 jóvenes tenían carnet, hoy solo tienen 2 de cada 3.

Por otro lado en cambio, muchos te diran que “El carsharing es lo más”. Entras en la app, reservas un coche y ya está. No presumes de vehículo, presumes del concierto al que vas o de llevar a tu chica.

En mi opinión, los símbolos de status de toda la vida (ese bolso de Loewe, esa botella de Moet & Chandon, ese Rolex tremendo) no van a desaparecer, pero las preferencias de algunos consumidores, sobre todo los jóvenes, sí que parece que están cambiando.

De marcas de status estamos pasando a marcas de historias. Las historias, las experiencias, son algo único y sacian inmediatamente esas ansias que tenemos de figurar: suelen ser más baratas y me permiten más momentos de postureo.

Cada uno lo vive a su manera, no lo puedes prestar y no se pueden copiar tan fácilmente. Si no, ¿por qué el ticket medio de un Starbucks es 3,7€ y el de la cafetería de la esquina en la que los servilleteros se quedan pegados a la mesa es 1,4€? ¿Es por lo maravilloso que es un doble macchiato con tres shots de vainilla? No, es porque ellos no venden café, sino una experiencia.

Fijaos: por lo que me compro un Mercedes, ceno 250 veces en El Celler de Can Roca y tengo el feed de Instagram resuelto para un par de décadas. Las marcas de historias nos ayudan a generar experiencias que luego podemos ir contando hasta el infinito y más allá.

Las empresas tienen que trabajar aquellos elementos que les permitan a sus clientes contar historias (no la de la marca, sino la del cliente).

Como, por ejemplo, Flock, una marca de jerseys de lana. Te ofrece datos sobre la oveja que ha sido proveedora de la lana con la que ha sido tejido tu pullover. ¿Quizás las ovejas se conviertan en los nuevos gatos en Instagram?

Bienvenidos a la economía de las experiencias.

Para experiencia la de cenar en Dinner in the Sky, una plataforma que se eleva a 50 metros del suelo. Si llegas al postre sin marearte, podrás disfrutar de una deliciosa pannacotta de yuzu a la espuma de arándanos y pimienta negra. Sí, he dicho Yuzu… ¿Qué será? ¿Me lo he inventado? ¿Es una raíz japonesa? ¿El delantero centro del Yokohama Marinos? Puedes responder votando arriba, en la encuesta del vídeo de Youtube.

Os  veo la semana que viene.