Noviembre de 2018, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

Los datos, ‘mon amour’

Mira el reloj y exclama: Maldita sea! Hoy he vuelto a no cumplir. 2543. Mínimo deberían ser 3500. Ese es mi objetivo. Hay que caminar más. Más pasos, más salud. 3500 pasos al día, mínimo, para mantenerse en una condición física decente. Yo oí estos comentarios en un aeropuerto. El reloj les dice lo que tienen que hacer cada día y no con la gestión de su tiempo (a las 12.00 debo estar aquí o allí) sino con los pasos, con su ritmo cardíaco, con la glucosa contenida en el sudor. Qué sé yo. Cada uno decide cómo quiere vivir y hay gente que vive así: sometida a su reloj (otros lo hacen sujetos a su suegra, a su cuñado o al peluquero de la esquina, que es muy mono).

Esta dinámica, referida al control del cuerpo humano es útil para entender una idea que echo de menos en muchas empresas especialmente PYMEs. Cada vez vamos a tener más y más datos. La misma tecnología que nos ayuda a contabilizar latidos o pasos y nos lo presenta de forma atractiva con un pequeño cuadro de mando del rendimiento de nuestro cuerpo, va a cobrar más protagonismo en las empresas. Porque al igual que preguntamos a Siri o Alexa ¿qué tiempo hará mañana? ¿O cuál es la ruta más corta entre Plasencia del Monte y Antequera?, podremos formular preguntas del estilo: ¿Cuál es la proyección de caja para este mes y el que viene atendiendo a las ventas? Y el cacharro nos lo dirá. Lo veremos en tiempo real, de forma contextual. La tecnología existe para -con todos esos datos- elaborar cuadros de mando que nos ayuden a tomar decisiones.

Las compañías que inviertan en disponer de datos de calidad y los usen de forma inteligente para tomar decisiones superarán a sus competidoras

Tenemos que hacer una reflexión muy básica : Lo que no medimos no se puede controlar y lo que no controlamos no se puede gestionar. Ergo, si no medimos, no gestionamos. Y esto sigue pasando en las empresas, sobre toda pequeñas y medianas. Se toman decisiones sin disponer de la información necesaria. A lo mejor das en clavo. O a lo mejor te das en el dedo. Esas compañías, las que actúen sin luces (datos y cuadros de mando) y desde la sombra de la ignorancia, sufrirán mucho en el corto plazo. Porque aquellas que inviertan en disponer de datos de calidad y los usen de forma inteligente para tomar decisiones está claro que superarán a sus competidoras.

Y se abre además un debate interesante. Los datos, por medio de los cuadros de mando, irán tomando protagonismo porque aprenderán de los directivos que los consulten, mostrándoles más información atractiva para ellos. Sí, al estilo Netflix, que te propone contenidos en función de lo que has visto (ellos reconocen que el 60% de sus usuarios pican y continúan mirando lo que la máquina les sugiere, rollo adicción-no-puedo-desconectar). Así que técnicamente no existen razones por las que los sistemas de las empresas con buenos datos no puedan ir proponiendo al responsable de operaciones más y más gráficos de cómo van las entregas cada mes en cada zona bajo su control por franja horaria, por empresa de mensajería, por código postal, por… Los datos, mon amour, son solo el principio. ¿Preparados para los cuadros de mando que aprenden de nuestros gustos?