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Maravillosa tragedia

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El Periódico de Cataluña
Maravillosa tragedia
Mayo 2016, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

 

Maravillosa tragedia

Sanko Seisakusyo Tiny Robots
No, no es el título de la última película de Spielberg. En 2010, Google anunció por medio de un post en su blog (ni siquiera pensaron que valiera la pena organizar una rueda de prensa, total, era una minucia) que por primera vez habían logrado que un coche condujera de forma autónoma, sin intervención humana, entre dos puntos. En el 2012, Forbes publicó una noticia en la que hablaba de la valoración de la cotización de Apple en un artículo magníficamente escrito. El matiz, estaba hecho por un ordenador. No había participado ningún homínido con sentido del humor. Y no hace falta irse tan lejos para encontrar otro ejemplo, puesto que la mayoría de nosotros los tenemos en los bolsillos de nuestras chaquetas. Los teléfonos móviles disponen desde hace años de sistemas de conversación inteligente que son capaces de transcribir un mensaje, localizar una dirección en un mapa, crear una ruta para ir desde A a B o apuntar en la agenda una cita (por cierto, les sugiero que pongan a conversar a un móvil con otro móvil, es lo más parecido que he visto a una charla de un matrimonio con al menos 20 años de relación, se dicen de todo pero no hablan de nada). Son sistemas todos ellos de inteligencia artificial. Y son maravillosos. Porque hacen nuestra vida mucho más fácil. Delegamos en máquinas tareas hasta hace poco impensables. Y esta es la parte extraordinaria. Dejar de hacer labores tediosas y monótonas para dedicar nuestro tiempo a actividades creativas e innovadoras.

Por primera vez en la historia de la humanidad el desarrollo tecnológico no va acompañado de creación de empleo, porque las máquinas han comenzado a pensar

La tragedia es lo que está pasando con el empleo y nadie habla de ello. Y es que si disponemos de sistemas de conducción autónoma, veremos a millones de camioneros, taxistas y chóferes perder sus empleos. Si tenemos un móvil que es capaz de gestionar la agenda, muchas tareas de secretariado dejan de tener sentido. Si sistemas de inteligencia artificial pueden responder al teléfono, ¿qué pasará con las recepcionistas? Y así podríamos ir incluyendo un sinfín de ocupaciones. Lo que sucede es que por primera vez en la historia de la humanidad el desarrollo tecnológico no va acompañado de creación de empleo, porque las máquinas han comenzado a pensar. Hace poco escuché a Andrew McAfee, un investigador del MIT, la prestigiosa escuela de negocios en Boston, explicar cómo estábamos contemplando una separación entre mayor productividad medida en PIB y generación de empleo. Normalmente, hasta el cambio de milenio, ambas líneas habían ido más o menos correlacionadas. Si crecía la economía, aumentaban las personas con trabajo. Y lo hacía de la mano de la tecnología. Es decir, el desarrollo tecnológico permitía generar más productividad y esta más trabajo. Sin embargo desde el año 2000 a mayor tecnología, más productividad pero menos trabajo. El círculo virtuoso se rompe. El cambio de paso es demasiado abrupto. La tecnología corre más rápido de lo que nuestro mercado laboral puede absorber. No estamos preparados. ¿Buscarán soluciones nuestros políticos a esta maravillosa tragedia?

Fotografía de Sanko Seisakusyo

Formado en la Escuela Suiza (habla 4 idiomas), Pablo Foncillas licenciado en derecho y MBA del IESE Business School. Actualmente es miembro del claustro del IESE en el departamento comercial. Compagina su vida en el entorno académico y como conferenciante junto con roles directivos y de consultoría en varias industrias desde los años 90. ¿Hablamos? Clica aquí para contactarme por correo electrónico