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Innovación rima con rutina

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El Periódico
Innovación rima con rutina
Enero 2014

Hagan la prueba en su ciudad o pueblo, sea donde sea del territorio nacional. Vayan a un colegio, a una universidad, repasen un programa de formación profesional. Busquen la palabra innovación en el itinerario académico. En cualquier forma, color, propuesta, idea, trabajo… da igual. Les anticipo el resultado. Es cercano a cero si no es cero absoluto. Pidan en una empresa, que levanten la mano los que consideren estar formados en innovación. A ver quién responde. No trato de buscar o señalar al culpable. Pero sin duda, el primer paso para mejorar consiste en reconocer las carencias o defectos. Y hoy por hoy, parece que en nuestro país, innovación no rima con educación. Asociémoslo a un dato: somos el país con la mayor tasa de desempleo de la Unión Europea. El famoso profesor de la London School of Economics, Luis Garicano lo decía ya hace años. Nuestro PIB no es sano. Sol, playa y ladrillo. De innovación, nada.

Yo creo en las personas, en su capacidad de inventar, de romper ideas preconcebidas, en definitiva de innovar. Pero si la creatividad es necesaria en cualquier ámbito de la innovación, la formación académica, la educación, en definitiva, resulta imprescindible. ¿El objetivo de la misma?: Facilitar un proceso de pensamiento que ayude a desarrollar ciertas habilidades. A continuación, son necesarios los hábitos. Practicar la innovación (intentarlo) una y otra vez hasta que se convierte en rutina. Curioso, rutina e innovación. Parece contradictorio pero no lo es.

No todos somos innovadores por naturaleza pero seguro que podemos mejorar nuestras capacidades. El nuestro es un país curioso. No tenemos un programa que sea punta de lanza en desarrollar pilotos de Fórmula 1 o tenistas de primer nivel pero tenemos algunos de los mejores con reconocimiento mundial. Y así en varios deportes. No hemos tenido un apoyo importante a la cultura pero hemos dado algunos de los genios más importantes del siglo pasado en el mundo del arte. No hemos apoyado especialmente la ciencia pero inventamos el submarino. Incluso la humilde pero práctica fregona parece que fue inventada por estos lares. Sin duda buenas innovaciones. Hasta aquí bien, porque ahí están los éxitos, y hasta aquí normalmente por generación espontánea.

Imaginemos por un momento lo que podríamos lograr si invirtiéramos en formarnos para ser más innovadores. Y no sólo me refiero al dinero, que también, sino a potenciar una mentalidad encaminada a resolver problemas. ¿Y si lo hiciéramos desde niños? ¿Conocen ustedes el museo de ideas e inventos de Barcelona? Visítenlo. Y si pueden vayan con sus hijos. Les servirá y les educará. Hay buenos ejemplos y estímulos de cómo innovar e inventar.

Tengámoslo claro: innovación rima con educación. Y con rutina. Hagámonos un favor, leamos, estudiemos, apuntémonos a un curso donde se aborde la innovación. Innovación es igual a margen porque no solo de descuentos viven las empresas.

Formado en la Escuela Suiza (habla 4 idiomas), Pablo Foncillas licenciado en derecho y MBA del IESE Business School. Actualmente es miembro del claustro del IESE en el departamento comercial. Compagina su vida en el entorno académico y como conferenciante junto con roles directivos y de consultoría en varias industrias desde los años 90. ¿Hablamos? Clica aquí para contactarme por correo electrónico

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