Google: ¿La próxima villana?

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Mayo de 2018, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

Google: ¿La próxima villana?

Hace años etiquetar a los malos corporativos parecía fácil. Petroleras, telefónicas, aerolíneas, fabricantes de coches o empresas químicas además de la banca (estos están en todas las quinielas), estaban oficialmente, cada uno por sus propios méritos, en la lista: mal servicio, abusos, cárteles, contaminación, errores en la producción…

Sin embargo empieza a haber un rumor en la sociedad (que los políticos no acaban de oir) que apunta a unos nuevos malos corporativos: las grandes empresas tecnológicas. Compañías como Amazon, Apple, Facebook o Google estarían encabezando este ranking silencioso.

Centremos la mirada en esta última empresa y lo que aparentemente es su fuente de ingresos. Decir que Google está en el negocio de la búsqueda o de la publicidad no es del todo exacto. Según Evgeny Morozov (autor del libro “Capitalismo Big Tech”, muy recomendable) Google está en el negocio de la información predictiva. Esto lo logra porque acumula tal volumen de datos de todos nosotros (cada día le hacemos miles de millones de preguntas a Google) que es capaz de entendernos perfectamente. Tanto, que a partir de estas preguntas sabe construir modelos que anticipan nuestras necesidades de información.

¿No es fascinante que Google se adelante a mí mismo en la barra de búsqueda cuando le hago una petición? ¿Cómo sabe lo que voy a escribir cuando apenas he tecleado unas letras de lo que me interesa? Dicho de otra manera, si un buen día Google por la razón que fuera dejara de ingresar dinero por la publicidad (recordemos que entre esta compañía y Facebook acapararon según Business Insider un 99% del crecimiento de la publicidad digital en EEUU en el año 2017 y un 77% del total de la inversión en digital), estaría en disposición de explotar un modelo de negocio alternativo y muy robusto que podría vender a ciudadanos y gobiernos: “servicios inteligentes”. A saber, Google puede predecir la dolencia de una persona (por ejemplo reúma) a partir de las preguntas que le hacemos todos (dolor en la rodilla, malestar en las piernas, inflamación de la articulación,…), junto con la aplicación de inteligencia artificial. Con el diagnóstico claro, podemos articular un tratamiento de forma más eficiente. Esto es maravilloso. Lo es siempre que no nos lo cobren.

Es decir, Google (y todo lo que acarrea: correo, mapas, cloud,….) podría decidir comenzar a cobrarnos por la utilización que hiciéramos de los mismos, es decir, tantas peticiones de información al mes, tantos euros que deberíamos pagar (tarifa plana o tarifa variable, según convenga) porque esta empresa lleva más de dos décadas obteniendo de manera silenciosa (los datos no hacen ruido) y en ocasiones muy cuestionable (como leyendo el contenido de los correos), tanta información de todos nosotros que se hace casi imposible poder competir con ella (Google maneja aproximadamente el 90% o más de las búsquedas en los mercados en los que opera). ¿Qué pensaríamos de una petrolera o aerolínea con una cuota de mercado del 90% o más? ¿Nos fiaríamos?