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Elecciones invisibles sin ideas

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Junio de 2017, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

 

Elecciones invisibles sin ideas

Fracaso, fiasco, desastre, hundimiento, chasco, ruina, pérdida, naufragio, cataclismo, hecatombe…

Titulares del día después, especialmente para el partido que pierde. Unos suben, otros bajan, renuncias «voluntarias» (eufemismo para decir decapitaciones forzadas). Los que pierden parece que lo hacen especialmente en un país que no podemos visitar, en un lugar que no existe, un espacio que no tiene fronteras llamado internet. En los últimos años la guerra política se juega casi exclusivamente en internet. Desde Podemos a Trump pasando por Macron o el brexit, si no tienes big data para leer en clave digital lo que pasa, no eres nadie.

Ya no hay elecciones para todos, eso es cosa del pasado. Hacer campañas para todos no interesa, está demodé, kaputt. Hacer algo para cada rincón tiene olor a naftalina. Ahora hay elecciones solo donde importa, donde el dato dice que ahí te juegas algo (la provincia, Estado o demarcación donde si te esfuerzas ganarás el asiento decisivo que hará que la balanza de la democracia se incline en tu favor). Política de quirófano, con bisturí.

Incluso aplicamos el retargeting, no dejando escapar al votante persiguiéndole sin piedad por los dominios de internet… cual Jack Nicholson en El Resplandor

Y entonces entra en tromba la maquinaria marquetera con toda la artillería pesada digital. Que se lo digan si no a Hillary (solo hay una en el mundo), hace unos meses, o a May hace un par de semanas, que no las vieron venir. De hecho, en ese país, el Reino Unido, el promedio diario de inscripciones de votantes a través de internet para poder participar en las urnas se cuadruplicó después de que una campaña en Facebook comenzase el 12 de mayo.

Big data parece que es el mantra de las campañas políticas de hoy. Lo que mola para los partidos políticos modernos (o que se las dan de) es tener datos a lo grande (a lo inmenso, a lo infinito si me apuras) para cazar a tu votante-consumidor con la guardia bajada y muy desprevenido mientras navega la red consultando el tiempo que hará en Zamora, qué hizo ayer su equipo de fútbol o consumiendo videos de su torero favorito, vaya a usted a saber. Y entonces, zas, le zurramos al pobre sujeto un mogollón de banners, roll-ups y todo lo que el cuerpo en bits aguante. Y así pasan los días de las elecciones. Incluso aplicamos el retargeting, no dejando escapar al votante de nosotros persiguiéndole sin piedad por los dominios de internet cual Jack Nicholson en El Resplandor (digital). Algo extraño porque resulta que cada vez tenemos menos apertura a ideas políticas diferentes a las nuestras por lo que perseguir a alguien que no quiere escucharnos o viceversa (ya es nuestro votante) carece de toda sensatez.

A mí lo que me parece es que los partidos políticos han sustituido las grandes ideas por los grandes datos. ¿Y si estos, en vez de obsesionarse con el digital y el big data, se interesan por la gente y por tener ideas relevantes y movilizadoras? Por ahora lo único que es big es la indiferencia o peor aún, la polarización. Eso sí es big.

Formado en la Escuela Suiza (habla 4 idiomas), Pablo Foncillas es licenciado en derecho y MBA del IESE Business School. Compagina su vida en el entorno académico y como conferenciante junto con roles directivos y de consultoría en varias industrias desde los años 90. ¿Hablamos? Clica aquí para contactarme por correo electrónico