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Contagiar ‘e-mocionalmente’

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La Vanguardia
Contagiar ‘e-mocionalmente’
Septiembre 2015

Artículo de: Pablo Foncillas, Lecturer IESE Business School y Albert Muntané Casanova, Profesor invitado URJC y UIB

 

Keyboard close-up with three smiley keys (emoticons)

Hace años se demostró que los estados de ánimo se contagian, es decir, que aquellos que están tristes o contentos pueden transmitirlo a otros.

¿Qué pasaría si tratáramos de hacerlo digitalmente? Es decir, ¿son los medios digitales capaces de provocar un cambio en el estado emocional de los individuos? Hace meses se publicó un artículo en el que los autores (profesionales ligados a Facebook y la Universidad de Cornell) afirman que se puede transferir estados emocionales a otras personas a través del contagio emocional, y que esto se puede hacer sin que haya interacción entre personas. Llamémosle e-mociones (emociones electrónicas). Lo argumentan en base a un experimento realizado en Facebook en 2012 en el que se influyó (o manipuló) el muro de 689.003 almas, de forma que el usuario veía en él informaciones positivas o negativas. A partir de ahí se analizó qué tipo de contenido publicaba ese usuario, observando que aquel que había visualizado información negativa transmitía a su vez mensajes negativos, y viceversa. Si llevamos este ejercicio al extremo, se podría llegar a afirmar que Facebook puede hacernos sentir mejor o peor. ¿Polémico? Sigan leyendo, se puede subir la tensión.

Imagínese ahora que cualquier red social, dado que sabe que puede influir en el estado de ánimo de las personas, presenta a sus “clientes” una serie de informaciones para crear un  “momento negativo” y a continuación se le muestran anuncios de objetos o servicios que generen algún tipo de bienestar (por ejemplo noticias relacionadas con un desastre, pongamos un incendio en una casa, sobre los que otros amigos hayan escrito un post,  acompañadas de anuncios de seguros para el hogar). ¿Podemos ir un paso más allá y aprovecharnos un poco más del estado de ánimo de esta persona? ¿Podemos influir en el precio que esté dispuesto a pagar el consumidor? La respuesta es sí. ¿Cómo? Modificando el precio que se le presenta al usuario, aplicando una técnica que se llama dynamic pricing, para así conseguir generar un mayor ingreso para la empresa anunciante. ¿Por qué? Porque al haber influido en el estado de ánimo se está más inclinado a contratar el producto y todos sabemos que eso contribuye a inflacionar el precio.

Si bien todo lo descrito anteriormente es relativamente sencillo como idea, su puesta en práctica hoy es difícil debido a la complejidad tecnológica y de gestión del conocimiento que requiere. Además, usted podrá evitarlo educándose digitalmente, es decir, desarrollando anticuerpos e-mocionales.

 

Foto: https://www.linkedin.com/pulse/20130627123742-117825785-nine-ways-to-think-about-your-own-emotional-intelligence

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